Mònica Ramoneda Rueda

 

LA VIDA EN LA GUERRA

Rigoberto Pa Cao, San Benito

Sebastián Sacul, en su niñez, vió como la guerra formó parte de su vida. Murió su padre y él tuvo que llevar la carga como de un padre, tuvo que sostener a su mamá y a sus hermanos pequeños. Esto sucedía en Fray Bartolomé de las Casas; él iba creciendo y se acercaba un problema muy serio.

 

Reclutamiento forzado

Cuando cumplió los 18 años, Sebastián fue forzado por los comisionados militares y fue recluido en la zona militar de Playa Grande (Quiché). Allí le instruyeron, le reclutaron para ser un soldado anticomunista (años 1984-1986). Durante este tiempo visitaron todas las comunidades de Playa Grande.

 

Patrullaje

Después de recibir por más de tres meses el entrenamiento básico, Sebastián y sus nuevos compañeros salieron a patrullar todas las montañas, aldeas y calles. Patrullajes de 24 horas, durante 15 días, aguantando hambre, sed, frío, lluvia, calor, etc. Sólo después de cumplir los 15 días regresaban a la base.
Durante el recorrido por las comunidades hallaban gente trabajando, y cuando la gente veía la presencia de los militares, interrumpían su labores agrícolas. El objetivo del patrullaje era encontrar algún sospechoso.

 

Guerra

Mientras fue militar, Sebastián tuvo que enfrentar la guerra en las montañas y por caminos peligrosos, llenos de emboscadas y bombas. Tuvo la suerte de no ver morir a ninguno de sus compañeros, también reclutados a la fuerza. Pero vivían con mucho miedo, sólo esperando balazos, enfrentamientos con la guerrilla, que eran sus propios hermanos, pues Sebastián no estaba en el ejército con su voluntad, él siempre quiso una vida mejor para los indígenas.

 

Conclusión

Sebastián nos terminó diciendo que jamás quería volver al militarismo: “Sólo, tal vez, ser opositor, porque el ejército no trae ningún beneficio a la gente, la guerra es un horror, es mejor sin guerra porque es libertad y paz; se necesita un cambio total de la sociedad”


 

Volver a Memoria del futuro